lunes, 1 de octubre de 2012

Decepción laboral

Gracias, a Dios, tengo un buen trabajo en una excelente empresa, un buen jefe, muchos compañeros que poco a poco se han ido convirtiendo en mis amigos, sin embargo, no todos corremos con la misma suerte, es así como a cierta amiga mía, me contaba lo que sentía luego de haber trabajado duramente en una empresa y por alguna razón, la despidieron, así que escribí lo siguiente:


Decepción laboral


Día a día ir a la oficina,
cumplir con un horario y hacer muchas tareas.

Labores diarias cumplidas,
proyectos poco a poco terminados.

Generar ideas nuevas, mejorar los procesos,

Ayudar a las personas, prestar un servicio a todos,
sin importar a quién ni la hora.

Pendiente siempre de lo que se requiere,
mirando cada día como ser mejor,
dando de sí mismo a los demás,
haciendo no lo que se puede,
sino hacer en cada momento más de lo que se puede y se necesita.

Buscando cada día otras formas de
hacer las actividades para maximizar la productividad.

Sin embargo, tanto esfuerzo,
tanta responsabilidad asumida es menospreciada.

Para qué experiencia, para qué tanto estudio
si finalmente  nada de eso sirve,
si finalmente no hay recompensa.

No vale la pena luchar tanto
para una institución que en sólo dos minutos
acaba con tus ilusiones, tus esperanzas, tus sueños.

En un momento tu jefe desconoce todo lo que has hecho.

Con unas pocas palabras, no sólo te quita las esperanzas,
sino que  te baja la autoestima;
 la dignidad te queda en el piso,
como si dejaran de valer todos los éxitos
 y logros obtenidos.

Trabajar en una empresa,
la cual es un segundo hogar por el tiempo que se permanece allí y no ser apoyado,
es como rechazar la ayuda que se presta en el día a día.

Definitivamente la mediocridad paga,
pues a los mediocres les va igual o mejor,
que a personas como yo,
que no suele ser valorada en forma justa.                    

Quimera 

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Quimera