Decepción laboral
Día a
día ir a la oficina,
cumplir
con un horario y hacer muchas tareas.
Labores
diarias cumplidas,
proyectos
poco a poco terminados.
Generar
ideas nuevas, mejorar los procesos,
Ayudar
a las personas, prestar un servicio a todos,
sin
importar a quién ni la hora.
Pendiente
siempre de lo que se requiere,
mirando
cada día como ser mejor,
dando
de sí mismo a los demás,
haciendo
no lo que se puede,
sino
hacer en cada momento más de lo que se puede y se necesita.
Buscando
cada día otras formas de
hacer
las actividades para maximizar la productividad.
Sin
embargo, tanto esfuerzo,
tanta
responsabilidad asumida es menospreciada.
Para
qué experiencia, para qué tanto estudio
si
finalmente nada de eso sirve,
si
finalmente no hay recompensa.
No
vale la pena luchar tanto
para
una institución que en sólo dos minutos
acaba
con tus ilusiones, tus esperanzas, tus sueños.
En un
momento tu jefe desconoce todo lo que has hecho.
Con
unas pocas palabras, no sólo te quita las esperanzas,
sino
que te baja la autoestima;
la dignidad te queda en el piso,
como
si dejaran de valer todos los éxitos
y logros obtenidos.
Trabajar
en una empresa,
la
cual es un segundo hogar por el tiempo que se permanece allí y no ser apoyado,
es
como rechazar la ayuda que se presta en el día a día.
Definitivamente
la mediocridad paga,
pues
a los mediocres les va igual o mejor,
que a
personas como yo,
que
no suele ser valorada en forma justa.
Quimera
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Quimera